sábado, 12 de marzo de 2011

RELATOS Y LEYENDAS



El jardín de las Hespérides


Algunos llaman a las Hespérides, hijas de la noche, hija de Atlante y de Hespéride, hija de Héspero. Eran tres doncellas que cultivaban el canto, al parecer.

Hoy día no se sabe bien la ubicación del legendario jardín de las Hespérides,  podía estar en las montañas de Arcadia, en la cordillera de Atlas en Marruecos, o en otro lugar. Los escasos documentos relatan que era propiedad de la Diosa Era, la misma que causó tanto daño a Herakles (Hércules). Allí había un árbol cuyo fruto eran manzanas de oro, que se decía proporcionaban la inmortalidad.

Según la mitología, el árbol se lo había regalado la diosa Gea, la Tierra, para Hera en su boda. Hera lo plantó en un jardín y responsabilizó a las tres ninfas Hesperetusta, Egle y Eritia, para su cuidado. Poco a poco el jardín se volvió muy apreciado para su dueña Hera, la que no confió en las Hespérides para su cuidado y puso como custodia al dragón de cien cabezas Landó, que enroscó su cola en el tronco del árbol, y jamás dormía.

Zeus, tras dejar embarazada a Alcmena madre de Herakles, proclamó que el próximo hijo nacido en la casa de Perseo se convertiría en rey. Al oír esto Hera, la esposa de Zeus, hizo que Euristeo naciera dos meses antes, pues pertenecía a la casa de Perseo, al igual que Herakles, a quien hizo nacer con tres meses de atraso. Cuando Zeus advirtió lo que había sucedido montó en cólera, pero no obstante, su imprudente proclama siguió en pie.

Más adelante, en un ataque de locura provocado por Hera, Herakles mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos. Cuando recuperó la cordura y advirtió lo que había hecho se aisló del mundo, marchándose a vivir solo a las tierras salvajes. Fue hallado por su hermano Ificles y convencido de que visitase el oráculo de Delfos. En penitencia por esta execrable acción, la sibila délfica le dijo que tenía que llevar a cabo una serie de doce trabajos que dispusiera Euristeo, el hombre que había usurpado su legítimo derecho a la corona y a quien más odiaba.


Euristeo lo condenó a realizar doce trabajos muy arriesgados o complejos, como limpiar el establo de Augías o matar al León de Nemea. El número once era robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, todo lo cual puede tener diversas interpretaciones, ya que esta leyenda se reconstruye a partir de varios fragmentos y ésta dice que después de mucho andar Herakles se encontró con Atlas, el titán encargado de sostener los cielos sobre sus espaldas y éste le dijo que sabía donde se encontraba el jardín de las Hespérides, que le traería las manzanas si él sostenía su carga, los cielos. Así, el héroe Herakles tomó el lugar de Atlas.

Atlas pudo matar a Landó, pero la sangre que salía de sus heridas se transformaba en un árbol-dragón con el tronco grueso, desde donde salían ramas retorcidas, recordando las cien cabezas de Landó.

Cuando Atlas regresó con las manzanas, le dijo a Herakles que él mismo llevaría las manzanas, que se quedara cargando los cielos un poco más, con la evidente intención de abandonar al héroe en esa tesitura. Herakles, que además de forzudo era inteligente, le pidió entonces a Atlas que sostuviera a los cielos tan sólo un momento para ponerse la capa... Atlas retomó su carga y así fue engañado por el mítico héroe, que pudo marcharse con las manzanas de oro, fueran lo que en realidad fueran.

Herakles se marchó con las manzanas y fue el único que logró obtenerlas, aunque él no fue quién las tomó de sus dueños originales. Pero quedó libre para emprender la hazaña con la que finalizaría esta serie de aventuras.

Versión de Eduardo Leira

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