lunes, 1 de febrero de 2010

LA HISTORIA SEGUN... EVA

HUMBOLDT EN EL TAWANTINSUYU

Capítulo 7.- Su Legado a América


Alexander a su regreso de tierras americanas, viviendo en París, recopila su experiencia y nos permite entrever en su obra: Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente[1], tanto la influencia que el Tawantisuyu tuvo en su vida como la que él le legó.



En Breve relación (1804) dice, en tercera persona: ...esta interesante capital del Perú, cuyos habitantes se distinguen por la vivacidad de su genio y la liberalidad de sus ideas... Al contrario de lo que dice su falsa reputación de apatía, quedó asombrado al encontrar a tal distancia de Europa las producciones más modernas de química, matemáticas y medicina, y observó una gran actividad intelectual entre los habitantes de este país, bajo un cielo plomizo en el que nunca llueve ni truena jamás.[2]

Supo apreciar también en su Ensayo político sobre la Nueva España, la heroica actividad intelectual de los ilustrados americanos cómo ser: al director del Tribunal de Minería, Santiago Urquizu, al director del Mercurio Peruano, P. Cisneros.



Celebró las investigaciones de Unanue sobre las vacunas, e insertó en sus cuadernos de viaje parte de la Guía del Perú donde el médico criollo rectificaba la información del mismo Humboldt sobre la población andina.[3]

Acerca de Don Leandro Zepla, Sepla y Oro, respetado cacique escribió con gran admiración, tanto en sus diarios como en las cartas a su hermano Wilhelm, subrayando su alto nivel de instrucción y sus virtudes cívicas. Humboldt lo representó majestuoso, a caballo, vestido ricamente a la manera indígena y envuelto en un aura de poder. Pero lo que más le sorprendió fueron sus conocimientos, tanto de las ancestrales tradiciones orales de la zona, como librescos: Cita a Solórzano, a Garcilaso, a Solís.[4]

En una carta al botánico español Cavanilles (México, 22-abril-1803) escribía: Muchos europeos han exagerado la influencia de estos climas sobre el espíritu y afirmado que aquí es imposible de soportar el trabajo intelectual; pero nosotros debemos afirmar lo contrario y, de acuerdo con nuestra propia experiencia, proclamar que jamás hemos tenido más fuerzas que cuando contemplábamos las bellezas y la magnificencia que ofrece aquí la naturaleza. Su grandeza, sus producciones infinitas y nuevas, por así decirlo, nos electrizaban, nos llenaba de alegría y nos tornaban invulnerables.[5] Trató de desautorizar así la idea de una América insalubre y también con otras estrategias de tipo moral, como esta irónica anotación del diario sobre la fama de lugar malsano del valle caluroso de Chamaya: Es así como el hombre acusa a la Naturaleza cuando él debe su mal a sus propios vicios. Los europeos llevaron el germen del mal venéreo, los jugos corrompidos, a los indios. Viven allí con mayor desorden que en sus casas y luego dicen que es el clima el que los mata.[6]

En esta disputa humboldtiana contra los filósofos sistemáticos el papel del Inca Garcilaso cobra un notable relieve, sobre todo cuando sus informaciones, extraídas de la tradición oral y de creencias legendarias, terminaban imponiéndose como ciertas y triunfando sobre las pseudo teorías racionalistas. Es el caso de la desautorización que hace Humboldt de Robertson al establecer la fecha de muerte de Huayna Cápac en 1525 y aportar como prueba concluyente datos que están confirmados por el testimonio de Garcilaso... y por la tradición conservada entre los amautas, que son los filósofos de esta República.[7]

En su revalorización de Humboldt, Ette considera que en Sitios de las Cordilleras, el científico no sólo hizo avanzar la tradición Occidental del conocimiento, introduciendo la diversidad americana en su proyecto intercultural, universalizándolo y sometiendo su propio saber ilustrado a una profunda autocrítica, sino que también, de modo inusual hasta entonces, permitió a miembros de la élite criolla, a autores mestizos o indígenas tomar la palabra: A diferencia de Buffon, De Paw, Raynal o Robertson, en los escritos del sabio prusiano, el Nuevo Mundo no es sólo un objeto de la investigación europea, sino que emerge como un sujeto autónomo tomando parte de un diálogo, si bien asimétrico, continental.[8]

Humboldt debió leer con especial interés estas palabras del Prólogo a los indios, mestizos y criollos que abre la Historia General del Perú del Inca Garcilaso,[9] escrito en Montilla, es fundamental para establecer una arqueología de las afirmaciones de la inteligencia americana en el inicio más remoto de las polémicas del Nuevo Mundo.

En 1936 el escritor mexicano Reyes, lector de Humboldt, reivindicaba en sus Notas sobre la inteligencia americana la incorporación del quehacer intelectual de América Latina al saber universal. La inteligencia americana, que había llegado tarde al banquete de la civilización y que había tenido que construir el conocimiento de su mundo con herramientas ajenas, ya alcanzaba su mayoría de edad, y la inteligencia de Europa la necesitaba.[10]

Con esa perspectiva vemos mejor hasta qué punto es significativa la inclusión del Inca Garcilaso en el proyecto intelectual de Humboldt, en ese diálogo desigual entre el saber de América sobre sí misma y el saber de Europa sobre un continente más imaginado que conocido.


Fuente: Belén Castro Morales. “El Inca Garcilaso en los Diarios de Viaje de Alexander Von Humboldt por el Tawantinsuyu”.

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Georgina Elena Palmeyro.

Prof: Teología y Antropología Social y Religiosa.


N.T.

[1] Ver Y-Letrad@s Nº 4 Edición: Agosto-2009. HUMBOLDT Y EL INCA GARCILASO Capítulo 2º.- Vida y obra de Alexander

[2] Humboldt 2005: 50.

[3] En Faak, 2003, 140.

[4] Reise 215-216.

[5] En Humboldt 2002: 217

[6] Reise: 254.

[7] Humboldt, 2003: 408

[8] Ottmar Ette 2005: 87.

[9] Garcilaso 1960: III, 11-12.

[10] Alfonso Reyes 1955: 89.


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