martes, 5 de octubre de 2010

El Escritor del Mes

Otra forma de insensatez






Lo tenía entre sus dedos. Nada más y nada menos que un guiño de la naturaleza. Aquel tesoro, aquel núcleo de fuerzas contradictorias, era la máxima fuente de energía y frustraciones, el pequeño motor que le daba sentido a su vida. Cuando Fernán dijo lo que dijo, Virginia prefirió quedarse callada. Permaneció de pie entre los juncos, con la preocupación de no reír. Minutos después la muchacha acomodó su pequeña gorra de aspecto industrial. Fernán la miró con una ferviente nostalgia. Virginia ya no tenía mucho en común con la chica de trenzas que se había sonrojado tanto al recibir aquel jazmín. Para colmo ahora sus uñas estaban pintadas de rojo. Fernán la miró y por unos segundos pensó en acompañarla durante largas noches, paseando con ella su prisa más íntima. Ansiaba revelarse como el ser más original que la vida podía haber puesto frente a ella, asombrarla de un modo cada vez más preciso, temblar juntos bajo los árboles del parque en una sofocación que quizá los uniría o los alejaría en forma definitiva. Finalmente, al toparse con ese repliegue huidizo que tan bien manejaban los ojos de su compañera, Fernán sintió que debía dominarla. Vaya meta la suya, era imposible olvidar lo mucho que habían vivido. Por más estrategia que usara no habría sorpresa, ni entusiasmo. Y sin embargo no todo estaba perdido. Virginia jamás lo supo pero él, pese al abismo nefasto en el que la razón ahogaba los brotes de su propia fe, había guardado en su bolsillo los ajados pétalos del jazmín y los acariciaba entre sus dedos. La esperanza estaba en ellos. Eran los pétalos que tiempo atrás habían formado la flor, la única flor… la que justificaba al resto de las flores, al bosque y a la vida misma. 
Autor: Sebastián Ponce

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